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¿Por que tomar terapia?

Psic. J. Enrique Ramirez Vega
4 abr 2017
5 min de lectura

Muy conocido es el hecho de que cada vez que nos abrimos a platicar una problemática con algún ser querido como familiar o amigo, la respuesta primaria radica en invitarnos o aconsejarnos el tomar terapia, y claro que nuestra respuesta inicial es emitir conceptos de tipo verbal o no, de que “no estamos locos” “eso no es para mí” “yo puedo controlar ese tema sin necesidad de ayuda” e infinidad de rechazos o resistencias a él aproximamiento terapéutico.

Aquí hablaremos de esos motivos que te pueden orillar a tomar la decisión propia y no inducida de tomar Terapia.

Empecemos desvaneciendo estas creencias donde constantemente caemos al pensar en asistir al psicólogo.

Cuando una persona comienza una psicoterapia o terapia psicológica o antes de tomarla es habitual que se manifiesten ciertas resistencias mentales y emocionales al proceso.

Las resistencias al proceso terapéutica tienen que ver, por tanto, con el miedo a crecer, a contactar, o a cambiar. Vamos a ver estas resistencias —inevitables y necesarios, por otro lado— más detenidamente.


RESISTENCIA AL CAMBIO


Cuando una persona permanece en un estado es por algo. Muchas veces se le oye al cliente quejarse, y expresar pesado-deseos de dejar de estar así, pero cierto es que a menudo hay compensaciones por las que la persona no cambia.

Un ejemplo es hacerse la víctima. Desmantelar este mecanismo y hacer perder el miedo al cambio, es una tarea fundamental en la psicoterapia.



RESISTENCIA EN AFRONTAR


A lo largo de nuestra vida acumulamos experiencias de todo tipo, y algunas las tapamos por miedo, por vergüenza o por otras razones mayores o menores.

Mientras algo está cubierto, este algo pasa inmediatamente a la sombra, la cual reside en el inconsciente. La sombra toma mucha fuerza, e impide la realización personal y el bienestar de nuestro Yo.



RESISTENCIA A DESCUBRIR QUIEN SE ES EN REALIDAD.



“¿Y si no soy como creo ser?”, “¿Y si descubro que no me gusta algo de mí?”, “¿Qué me voy a encontrar en este proceso?”

Sin embargo, el más triste acto es no ser uno mismo. El proceso de autodescubrimiento debe realizarse para sanar toda herida y llegar a la verdadera plenitud.

Quizá existan más resistencias sin embargo estas son las más comunes en mi experiencia con los pacientes y desgraciadamente lo que hace abandonar un proceso terapéutico a favor del cliente, y son estas resistencias las que hacen no lograr ver que al final del camino en terapia las personas pueden encontrar respuestas a sus problemáticas.



Ya que hemos descubierto o dejado a la luz las posibles resistencias para tomar la alternativa terapéutica o renunciar a la misma, podemos distinguir ciertas situaciones donde uno puede situarse y poder elegir una terapia con fines de cambiarlo de manera correcta.

Nos surge entonces la siguiente pregunta:


¿Cuándo es momento de ir a terapia?


En cierto sentido, cualquier persona puede beneficiarse de los servicios psicológicos que incrementan y mantienen el bienestar general, y promueven la libertad para tomar decisiones y la fuerza para existir. Hay casos sin embargo en que es necesario o muy recomendable buscar ayuda psicológica.

Es recomendable acudir a terapia psicológica cuando existe un problema que supera las fuerzas que tienes en determinado momento para solucionarlo, que te impide vivir y experimentar bienestar y que por lo tanto te ocasiona malestar y sufrimiento. Un problema existe cuando hay una discrepancia entre lo que haces y lo que quisieras estar haciendo, o entre los resultados que obtienes (conductual y emocionalmente) y los resultados que quisieras tener. Es por esta razón que las personas pueden necesitar ayuda psicológica.

En ocasiones no es tan sencillo detectar que existe esta discrepancia, lo único que sentimos es malestar, inconformidad o sufrimiento. E incluso cuando se llega a identificar el problema a veces no es tan simple solucionarlo, en el sentido que posiblemente no dependa de una decisión de la conciencia. Es por esto que resulta difícil lograr un cambio a este nivel, aunque nos lo propongamos.

Los motivos para acudir con un psicólogo pueden ser una dificultad personal, como la ansiedad o malestar, una situación dolorosa, como una enfermedad, duelo, trauma o separación, dificultades relacionales, como problemas de pareja o en el trabajo, o bien un deseo de cambio o de trabajo en sí mismo.

Veamos algunos motivos muy comunes para tomar esta decisión.

  1. Si sientes que tienes problemas con el control o falta de control de tu entorno, relaciones, emociones o si las decisiones no son tuyas sino inducidas por otras personas o por el entorno.

  2. Cuando las emociones se te escapan y tienes explosiones de rabia o de llanto que no sabes cómo canalizar adecuadamente.

  3. Si repites patrones, errores y hábitos en tus relaciones de pareja, así como que acabas renunciando a tus cosas para complacer al otro. O al revés, tratas de imponerte y te frustras mucho cuando no sale como tú tenías planificado.

  4. En nuestra vida, pasamos por situaciones difíciles y dolorosas que nos marcan y nos dejan heridos: infancia sin cariño o alta exigencia, muertes o separaciones, enfermedades familiares terminales, abuso sexual, problemas escolares, etc.

  5. Baja autoestima y falta de aceptación debido a que tú mismo te conviertes en tu peor crítico o juez, te boicoteas, te haces sentir mal, insatisfecho o fracasado cuando te quedas a solas.

Si te suena familiar alguna de estas situaciones y crees que afecta bastante tu vida y día a día, es el momento de dedicarle tiempo y energía para revisarlas, pedir ayuda y acercarte a un especialista en terapia psicológica que te brinde paz contigo mismo y lograr ser un poco más feliz.


Ahora bien, si ya estás en la postura y disposición de tomar terapia, te surgirá la necesidad de saber:


¿Cuál es el mejor enfoque psicoterapéutico?


Esta pregunta debería de responderse caso por caso. Si bien no hay la mejor psicoterapia para todas las personas, sí existe un tipo de terapia que se adapta mejor a las distintas maneras de ser y personalidades de las personas. Por eso recomendamos conocer un poco de los distintos tipos de psicoterapia. En sí ningún tipo de tratamiento psicológico es mágico: depende en gran parte del esfuerzo invertido en el espacio terapéutico.

Por ejemplo, a grandes rasgos, la terapia cognitivo -conductual puede funcionar mejor para personas que necesitan una guía y un programa de trabajo estructurados; el psicoanálisis puede ser muy efectivo para personas con una alta capacidad de introspección y con una necesidad de explorar en su vida psíquica y en las causas profundas de sus dificultades, por lo tanto su pasado; la terapia sistémica sirve muy bien en casos que el problema que sufre un individuo tiene que ver con su forma de relacionarse con los demás, ya sea su pareja, su familia o grupo de trabajo. La terapia racional-emotiva es adecuada para personas que se sienten cómodos con un proceso más estructurado (como cognitivo-conductual), y también tienen inquietud sobre aspectos más bien filosóficos de la situación que vive y las dificultades que presenta (como en psicoanálisis). La terapia neuropsicológica es recomendada para pacientes que sufren de trastornos orgánicos, demencias (como Alzheimer), déficits cognitivos (por ejemplo, en esclerosis múltiple, o la enfermedad de Parkinson), y en algunos tipos de epilepsia. La terapia neuropsicológica tiene bases de terapia cognitivo conductual, por lo que también puede atender dificultades psicológicas que no tengan relación con enfermedades neurológicas.

En cualquier motivo de consulta lo ideal es que quien te atienda te otorgue la alternativa terapéutica que te haga resolver dicha contingencia de la forma más eficiente, con la ética necesaria, y la confidencialidad indispensable.

En el Centro Psicológico Coyoacán tenemos los recursos necesarios para generar este ambiente de. confianza y acompañarte paso a paso durante todo el proceso terapéutico hasta conseguir el alta terapéutica y la satisfacción de tus necesidades.


 
 
 

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